En la calle las encuentro, a veces, sentadas esperando el autobús, cansadas y con la mirada perdida en la nada que van dejando los días que se repiten uno después del otro, a veces caminando una al lado de otra, muertas de risa, muertas de vida y yo las veo. Y es sólo un momento, es ese lapso que dura pasar en el auto a 40 kilómetros por hora, es casi nada, pero las veo. A veces discutiendo con su novio y otras, otras, besándolo con amor. A veces paseando en bicicleta o con su perro.
A veces, en los altos, las alcanzo y, con el coche, me acomodo a un lado de ellas y las miro y van fumando y van hablando por teléfono y se revisan la cara o van pensando, sus gafas obscuras no me dejan ver sus ojos y los míos las siguen buscando y las encuentran en la calle, y las encuentran en el parque, en la plaza, en el cine, las encuentran en la oficina de gobierno, en las páginas para conocer gente del mundo, en los sitios donde convendría no volver a encontrarlas o nunca en la vida haberlas visto, en el banco, en el vídeo; en todos lados menos en la silla vacía que está a mi lado en el café, donde sea menos sentadas en el asiento delantero de mi auto.
En cualquier parte menos en mi casa, en cualquier parte menos en mi cama; ya hice todo lo que tenía que hacer para estar sólo, y ahora las veo, afuera en la calle las encuentro y me pregunto: ¿Qué será?